Karmogram empezó como una pregunta entre dos personas que llevaban demasiado tiempo en el software y demasiado poco mirándose a sí mismas. Queríamos saber si los patrones que la gente lleva milenios leyendo en los nombres y en los números podían traducirse en algo reflexivo, moderno y sencillamente útil.
La respuesta resultó ser que sí, pero solo si uno se toma en serio la escritura. Así que incorporamos al propio sistema los criterios de una revista: encargos cuidados, una voz asentada, límites que podemos defender.
No nos interesa adivinar el futuro. Nos interesa ayudar a la gente a detenerse lo suficiente para advertir algo de sí misma que aún no había puesto en palabras.